Corazón Creador
Cuando la tristeza pesa más que el alma
Hay días en los que la tristeza llega sin avisar.
No llama a la puerta. Simplemente entra.
Estos últimos días han sido así para mí.
Un llanto que empezaba y no podía parar. Llorar y llorar hasta que los ojos ya queman de tantas lágrimas. Un cansancio profundo, de esos que no se quitan durmiendo una noche.
Cuando estás en ese estado, la mente se vuelve un lugar extraño.
Aparece la soledad.
Aparece el miedo.
Miedo a perder lo que más quieres.
Miedo a perder justo aquello que en ese momento te está sosteniendo.
Lo curioso es que muchas veces ese miedo no es real. Te lo explican, te lo dicen, intentan tranquilizarte… pero en ese momento tu cabeza no lo ve. Solo ve el dolor que está sintiendo.
Y el dolor ocupa todo.
Ni siquiera podía escribir.
Y eso para mí es mucho decir.
Intentaba abrir mis agendas o mis diarios y, en cuanto empezaba, todo lo que llevaba dentro salía de golpe. Y otra vez a llorar.
Hay algo que muchas personas no entienden cuando hablas de depresión o de bajones profundos: el dolor emocional muchas veces se mezcla con el físico. En mi caso viven juntos desde hace tiempo.
No sabes exactamente cómo se mezclan.
Solo sabes que estás agotada.
El otro día estaba tan cansada que tuve que hacer algo que casi nunca hago: desconectar de todo. Apagar lo digital, lo analógico, el mundo entero.
Silencio.
Cogí un libro cualquiera de los que tengo en casa. No uno especial. No uno de autoayuda. Un libro normal. Empecé a leer sin pensar demasiado.
Y poco a poco el ruido de la cabeza se fue apagando.
Me entró el sueño.
Me dormí.
Y al despertar había algo diferente. No es que todo estuviera arreglado. No lo estaba. Pero había una pequeña energía nueva.
A veces salir del agujero no es una gran revelación.
A veces es algo tan simple como parar.
Desenchufar.
Leer.
Dormir.
Y también llorar.
Porque muchas veces el llanto es eso: una purga.
Dejar que todo lo que pesa salga fuera.
El miedo más grande cuando estás ahí abajo es no encontrar fuerzas para levantarte. Pensar que quizás esta vez no podrás.
Pero incluso en los días más oscuros, algo dentro sigue intentando volver.
Tal vez ese algo sea el corazón.
Un corazón cansado, herido, lleno de cicatrices…
pero que sigue creando.
"Ese corazón herido, cosido con alambre de espino pero brotando fuego y color, es el que me empuja a seguir. Gracias por estar ahí. Mañana os enseñaré cómo este dolor se transforma en la colección 'Piel y Memoria'..."

Comentarios
Publicar un comentario